Una cámara no es más que una caja negra con un agujero por el que entra la luz durante un momento determinado. Llamamos obturador al dispositivo encargado de controlar el intervalo de tiempo durante el cual el sensor queda expuesto a la luz. Esa duración se denomina “Tiempo de exposición”.

Hoy en día la mayoría de las cámaras utilizan el obturador de plano focal que está situado justo delante de la película o sensor y está formado por dos cortinillas, una de apertura y otra de cierre, que se mueven en la misma dirección. Primero baja una cortinilla abriendo el obturador, y después, según el tiempo seleccionado, baja la segunda cortinilla cerrando la ventana que da paso de luz al sensor.

Proceso de obturación de un obturador de plano focal.

Tiempo de exposición

Dado que hablamos de tiempo, se toma como unidad de medida el segundo y sus divisiones o multiplicaciones. La gama de tiempos de exposición disponibles varía de unas cámaras a otras, oscilando los más frecuentes entre treinta segundos y 1/4.000 s. Las cámaras de gama alta pueden obturar hasta 1/8.000 s. y las que disponen de obturadores electrónicos, hasta 1/32.000 s.

Dial de velocidades de la Fujifilm X-T2 en el que pueden apreciarse los pasos universales de tiempo de exposición. © FG

El tiempo que permanece abierto el obturador determina la forma en que se registran los sujetos en movimiento: si estamos fotografiando a un sujeto totalmente inmóvil y la cámara está sujeta sobre un trípode sólido, el tiempo de exposición no influye en el resultado. Sin embargo, imaginemos que alguien pasa corriendo frente a la cámara a una velocidad aproximada de unos dieciséis kilómetros por hora. Eso significa que en un segundo habrá recorrido casi cinco metros. Si le hubiéramos hecho una fotografía con el obturador abierto durante un segundo, aparecería completamente borroso. Por el contrario, por la misma razón, los tiempos de exposición breves congelan la acción.

César Cañas durante una exibición de trialsin.
Para congelar al ciclista César Cañas durante un salto, utilizamos un tiempo de exposición de 1/3.200 s. © FG

Los valores prefijados en las cámaras permiten que entre una determinada cantidad de luz. Si cambiamos al siguiente valor llegará al sensor exactamente el doble de luz o la mitad, dependiendo si aumentamos o reducimos el tiempo. Estos valores se conocen como pasos o EV. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las cámaras actuales incluyen pasos intermedios para aumentar la precisión en la exposición.

Los denominados “pasos universales” son 1s, 1/2s, 1/4s, 1/8s, 1/15s, 1/30s, 1/60s, 1/125s, 1/250s, 1/500s y así sucesivamente hasta el valor máximo de cada modelo. Para tiempos de exposición superiores a un segundo, los valores llevarían la misma secuencia, 2s, 4s, 8s, 15s y 30s (algunas cámaras llegan hasta 60s). Para tiempos mayores se utilizaría la posición B o Bulb. En ella, el obturador permanece abierto mientras se mantenga presionado el disparador.

El modo bulb nos permite realizar largas exposiciones como esta, que duró 300 s. Eso sí, siempre con trípode y disparador de cable o mando a distancia. © FG

El tiempo de exposición elegido influye en la luz que llega al sensor, pero también en la manera en que se capta el movimiento. Cuanto más tiempo permanezca abierto el obturador, más luz llegará al sensor, pero los sujetos aparecerán movidos.

Congelar el movimiento

No siempre el sujeto congelado resulta la mejor opción. Por ello, elegiremos tiempos de exposición reducidos o prolongados en función de los resultados deseados. Además de reflejar o congelar movimiento utilizaremos los tiempos de exposición prolongados para lograr que entre más luz al sensor. Es decir, en situaciones de iluminación escasa siempre y cuando el sujeto permanezca inmóvil, tales como paisajes nocturnos o zonas sin luz. Los tiempos de exposición prolongados resultan también de utilidad para exposiciones múltiples o para borrar sujetos en movimiento. Dado que el fondo queda fijo, el sujeto, al moverse, desaparece de la fotografía o aparece como si fuese un fantasma.

Eva la Yerbabuena bailando
A veces reflejando el movimiento se consiguen mejores resultados, como en esta fotografía tomada a Eva la Yerbabuena a 1/10s para captar el movimiento de sus pies. © FG

El tiempo de exposición necesario para congelar un sujeto depende de varios factores: distancia al sujeto, distancia focal y, por supuesto, velocidad del sujeto. Cuanto más lejos se encuentre, menos velocidad necesitaremos para congelarlo porque el desplazamiento dentro del encuadre será menor. Para comprender esto, baste imaginar un avión que se desplaza por el cielo a gran velocidad, pero dentro del encuadre muy despacio.

Para dar más sensación de velocidad a la imagen a veces conviene utilizar tiempos intermedios para, como en este ejemplo, congelar al ciclista pero dejar las ruedas en movimiento. Esta foto se tomó a 1/500s. © FG

Por el contrario, cuanto mayor sea la distancia focal utilizada, necesitaremos menor tiempo de exposición para congelar el movimiento. Además, como resulta evidente, cuanto más deprisa se desplace el sujeto, mayor velocidad necesitaremos para congelarlo. La tabla adjunta no pretende ser una guía de bolsillo sino una referencia orientativa para entender como afectan estos tres factores. Aunque existen fórmulas matemáticas para calcular el tiempo de exposición necesario para congelar cada situación, la experiencia nos dirá cómo debemos actuar sin necesidad de pararnos a usar la calculadora.

No nos gusta salir a tomar fotos con calculadora, por eso esta tabla la usamos sólo como referencia y para comprender los conceptos.

Cuidado con la trepidación

Hay que tener muy en cuenta que mientras que el obturador permanece abierto, cualquier movimiento puede verse reflejado en la toma. No sólo los desplazamientos de los sujetos a fotografiar sino las oscilaciones de la cámara. Por ello, recuerda que por debajo de 1/60 de segundo se corre el riesgo de que la foto aparezca movida debido a la trepidación del pulso.

Así, hay que vigilar atentamente el tiempo de exposición seleccionado y, si es necesario, utilizar un trípode o apoyar con firmeza la cámara en algún lugar estable. Este valor de 1/60s supone sólo una referencia pues puede variar en función de cada persona. Además, con objetivos largos, tal y como explicábamos, el tiempo mínimo de exposición fiable debe reducirse.

Cada vez más cámaras incorporan estabilizador en el cuerpo para neutralizar la trepidación involuntaria. En esta imagen, la Olympus OM-D E-M1 Mark II. © Olympus

Se suele decir que éste será la fracción equivalente a la distancia focal usada. Es decir, si montamos en nuestra cámara un objetivo de 200 mm, el tiempo de exposición mínimo para evitar trepidaciones será de 1/200s. Incluso algunos fotógrafos prefieren duplicar esta referencia, o sea, no bajar de 1/400s. con el mencionado teleobjetivo.

Cada vez resulta más frecuente encontrar cámaras que incorporan estabilizador en el cuerpo. Este dispositivo neutraliza los movimientos involuntarios y permite aumentar los tiempos de exposición. Algunos objetivos también incluyen estabilizador. En este caso se trata de una lente que oscila para neutralizar el movimiento involuntario. Tanto en los objetivos como en las cámaras, se puede desactivar el mecanismo a voluntad. No obstante, si fotografiamos a un sujeto en movimiento, el estabilizador no logrará congelarlo.

En esta secuencia podemos ver cómo afecta el estabilizador utilizado por el Fujinon XF 18-135 mm f/3.5-5.6 R LM OIS WR. © FG

También hay que tener en cuenta que al disparar se puede mover la cámara por lo que con tiempos largos siempre utilizaremos un disparador de cable o mando a distancia. En su defecto, y siempre que el tiempo de exposición elegido sea inferior a treinta segundos, podemos accionar el disparo con retardo.